La necesidad de encontrar esa gota de oscuridad de cada persona, me ha hecho querer dejar de ser humano, las ganas de ser dios me hacen impaciente y sin dejar paso a la inocencia de lo sorpresivo.
A la alegria del suspenso. Al sabor de la tristeza, al desgarro de la traicion.
Es miedo del puro.
domingo, 3 de octubre de 2010
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